Encuentro entre mis fotos una imagen más bien pálida de la perspectiva que captó, desde el mismo exacto lugar, en un óleo de 1973, con el esplendor extraordinario de sus colores, el pintor gijonés Tejerina, y me apresuro a hacerle una copia para publicarla en Siglo en la brisa —acompañada del fragmento de Oriundos en que se habla de él.

Vista de Asiego de Cabrales (Asiegu, en asturiano), con los Picos de Europa al fondo, desde la Caleya, lugar donde se ubicó Tejerina en 1973 para pintar el óleo.

Dos palabras, antes de invitar a la lectura. Nótese, en la imagen tomada por mí hacia 2004, la ausencia del gallinero, sólidamente representado en el óleo.

Nótese también cómo la parte baja del hórreo que asoma a la mitad de la fotografía ha sido cerrada con algún propósito práctico, como convertirla en cochera.

No menos que eso, adviértase el poste de luz, ausente en la pintura, el cual sostiene y reparte los cables que conducen la energía eléctrica por el pueblo, y que casi seguramente no estaba en 1973, cuando Tejerina pasó una tarde en Asiego (Asiegu, en asturiano), por cierto poco antes de mi primera visita a la comarca.

Por último, lo más importante: compruébese en la foto del siglo XXI cómo no queda ni rastro de la banca donde se sienta la anónima mujer retratada en el óleo del XX.

Hay que estar atentos a esa mujer porque va a ser ella el principal motivo de una discusión a la que asistí en el bar del pueblo cuando preparaba Oriundos, tal como se cuenta en el texto que motiva este post. El texto que sigue es un fragmento del capítulo titulado “Dos días de julio de 2002” de mi libro sobre la emigración asturiana a México (Cataria, dos ediciones: 2018 y 2019).

El soberbio Picu Urriellu, en el Macizo Central de los Picos de Europa, visto desde Asiego de Cabrales. Fragmento del óleo de Tejerina.

Dos días de julio de 2002 (fragmento)

Creo que ninguna otra vez sentí como aquella tarde la belleza del Picu Urriellu, del otro lado del valle del río Casaño. No estábamos muy lejos del lugar donde se colocó Tejerina en 1973 y pintó su vista del Naranjo de Bulnes desde Asiego de la que prácticamente nadie dejaba de tener una reproducción en casa. La mejor prueba de que la obra caló en el imaginario colectivo del vecindario es que había por lo menos tres reinterpretaciones recientes: un dibujo, otra pintura y una talla en madera, todos hechos por gente más o menos de mi edad ligada siempre por lazos familiares a Asiego.

En el centro de la vista asoma un hórreo; del lado izquierdo, en primer término, sentada en una banca contra la pared, aparece una mujer vestida de negro. No hay manera de ponerse de acuerdo respecto a quién es esa mujer. Para unos, se trata de Milagros; para otros, no puede ser más que Presentación. Por supuesto, lo que sobra son argumentos.

Quienes dicen que es Presentación afirman que nació en Pamirandi, esto es, en la otra punta del pueblo, a donde regresó antes de su muerte, pero que pasó un tiempo ya enferma en La Caleya. Para no tenerla encerrada en casa todo el día, la sacaban a esa banca a tomar un rato el aire siempre que hiciera bueno y así la encontró Tejerina en 1973.

Los que defienden que se trata de Milagros empiezan por desechar la postura anterior diciendo que cuando el artista estuvo en Cabrales, Ción, como llaman a Presentación para demostrar lo mucho que la conocían, estaba enferma, efectivamente, lo que prueba que ya no vivía en el pueblo sino en una residencia en Llanes. En cambio, Milagros, dicen, nunca salió del pueblo, vivía allí al lado y “estaba algo inútil”: le había dado una trombosis por lo que, siempre que hacía bueno, la sacaban a tomar un rato el aire a ese lugar donde, en 1973, la retrató Tejerina.

El delirio llega nada más presentarse quien defiende que todo esto es una pérdida de tiempo porque, como puede confirmar cualquiera que se acerque a ese sitio, allí nunca hubo una banca por lo que nadie puede haber estado sentado en ella cuando Tejerina anduvo por aquí. No olvidemos que estamos en España, donde todo el mundo tiene una opinión y hace lo posible, a gritos si es necesario, por imponerla a los demás.

Los hermanos Javier y Manolo Niembro, promotores de Asiego de Cabrales (Asiegu, en lengua asturiana) y personajes relevantes de la vida contemporánea de la comarca. Les hice esta foto en una sidrería de Oviedo en octubre del año pasado.

La polémica se produce alrededor de una reproducción a lápiz del cuadro hecha por Javier Niembro que hemos descolgado de la pared del bar, y en torno se agolpan por lo menos siete parroquianos.

Aquí el dibujo al que se refiere el texto. Javier Niembro, quien me manda la imagen, me aclara que no es de su autoría sino del padre de un amigo suyo, a quien él se lo encargó, apellidado Margareto.

Ahora no estoy seguro de que haya sido buena idea propiciar este debate. Cada uno esgrime sus propios argumentos, lleva agua a su molino, remite a tal o cuál anécdota, siempre a voces que nadie se toma la molestia de escuchar. Felipe resulta el más sabio y eso que él mismo es pariente cercano de una de las dos mujeres, por lo que tiene muy clara su propia postura. Al revés de los demás, el bigote filosófico sonriéndole a toda la situación, no deja de escuchar aquí y allá, por turnos, las voces que humanamente le es posible. ¿Milagros? ¿Presentación?, le pregunto, ¿qué piensa él? ¿Hubo en realidad una mujer o todo es un invento de Tejerina? “Lo mejor”, me contesta, “es pensar que como pudo estar, pudo no estar”.

Felipe el de Servanda.
La Carbonera de Asiego de Cabrales, abril de 2005. Foto: FF

¿Qué es lo que maravilla del Naranjo de Bulnes? Para quienes lo conocemos sólo de lejos, para los que nunca consideraríamos la posibilidad de su escalada, su contemplación es suficiente. De entrada, fascina su forma: el cono trunco. La mole misteriosamente mellada transmite un aire de antigüedad indescifrable, más por el contraste que hace alzándose “en medio de un caos de rocas rematadas por agujas fantásticas” como escribe de ella un conocido escritor asturiano, antigüedad respecto a la cual las hachas del Depósito de Asiego fueron fundidas esta misma mañana.

Una de las fantásticas hachas prehistóricas del Depósito de Asiego. Tuve oportunidad de estudiarlas en persona en abril de 2010, cuando les hice unas fotos. Foto: FF

Debido quizás a la peculiaridad de su forma, a veces se tiene la impresión de que el Urriellu crece, se adelanta y rompe la línea del resto de los Picos, imponiendo su unicidad, tal como ocurre en el óleo de Tejerina; otras, parecería en cambio que, sin explicación suficiente, se reserva y se oculta casi entre ellos tal como hace Carmela tras el hombro izquierdo de su tío Aquilino en la foto de la Escuelina.

Carmela, a la derecha del maestro del pueblo, según vemos la foto. Parece que se oculta tras el hombro izquierdo de su tío Aquilino. Foto: Archivo de FF

Para mí, la perspectiva desde Asiego es inmejorable: más hermosa que la que ofrece el turístico Pozu la Oración en el pueblo de Poo de Cabrales, al lado del río Casaño, y acaso incluso más que desde Camarmeña, una aldea prácticamente vertical, agarrada milagrosamente a las piedras, desde donde se tiene la sensación de que el vecino Picu, por encima del pueblo de Bulnes, podría tocarse con la mano.

Fernanda Paula Bueno Bueno (1914-2007). Visitó Asiego por última vez el 21 de julio de 2002. Foto: FF

Y algo más: suele insistirse en que parte de su belleza está en el color que cobra a la luz poniente, tal como ocurrió la última tarde que pasó Fernanda Paula Bueno Bueno en el pueblo de sus ancestros. ¿Qué decir de la luna que, todavía cuando anaranjeaba, surgió a espaldas de él?

Más sobre Oriundos en este blog:

Fernando Bueno en la tumba de su mujer, Florentina. Archivo FF

Oriundos ya está en Asiego, https://bit.ly/2VVMgIc; La edición, https://bit.ly/2ES60qb; El arroz Covadonga, https://bit.ly/2IxEVe8; Boda civil, https://bit.ly/2E21GmO; Santos, 1923, https://bit.ly/2CGCxir; Antonio Poo, https://bit.ly/2zgKjzi; Cuatro adelantos de Oriundos, https://bit.ly/36cCveI; Algo de política, https://bit.ly/2zTRNZI; Las hachas prehistóricas de Asiego de Cabrales, https://bit.ly/2Xmgczh

Un comentario en “El óleo de Tejerina (1973)

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