
Por estas fechas, hace ahora exactamente treinta años, cuando no habían pasado ni tres semanas del asesinato de Luis Donaldo Colosio, apareció la entrega que Viceversa dedicó a Julio Scherer García (número 11, abril de 1994). Ya entonces, mientras la preparábamos, y luego más tarde, a partir de que la pusimos en venta, nos preguntaron por las razones que nos llevaban a elaborar aquel ejercicio periodístico. Me conmueve que hayan transcurrido tres décadas de aquella aventura editorial y por eso me decido a publicar nuevamente el texto que escribí para justificarlo; también,, porque pienso que puede ser interesante echar un vistazo a nuestra perspectiva del trascendental periodista en el momento en que México vivía el año más intenso de su historia reciente, y en el aire flotaba una expectativa de futuro muy distinta a lo que finalmente sucedió. Hace unos años pusimos en línea el número (que puede leerse, en las mismas páginas con que salió de imprenta, íntegro, pulsando aquí), por lo que no necesito glosar su contenido y puedo limitarme a invitar a los lectores a que se asomen a él.

¿Por qué este proceso en Viceversa?
Hace 40 años, Julio Scherer García llegó al periodismo mexicano tras un escudo de incorruptibilidad que lo hizo de inmediato inmune a algunas de las peores enfermedades de nuestra cultura. Un periodista de la vieja guardia fue quien vio rechazar al joven Scherer el dinero de un político y, seguramente entre burlón y seducido, lo llamó “mirlo blanco”; de entonces a la fecha, en esencia desengañado de los efluvios y las grandezas de su oficio, Scherer ha seguido con pasión la vida pública de México y por ella ha experimentado las navegaciones y los encallamientos de su existencia entregada a una profesión difícil, cargada de eufemismos y verdades a medias, cundida de intereses creados, llena de historias turbias. Sin duda la más importante y también la más dolorosa de esas experiencias fue la que lo puso contra el poder político, lo enfrentó al Señor Presidente y le costó la dirección de Excélsior en 1976, entonces uno los más importantes diarios de América Latina. Seguido de una nómina deslumbrante de colaboradores, Scherer fundó unos meses después la agencia de información C.I.S.A., que dio origen a la revista Proceso, de la que ha sido cabeza por más de diecisiete años y desde donde ha ejercido con una libertad absoluta los derechos de su oficio en un país donde la prensa se guía preferentemente por los guiños con que la alimenta el escueto oficialismo. Desde su trinchera de Fresas 13, en la colonia del Valle, Julio Scherer ha oficiado al frente de su equipo de profesionales como la más importante vía alternativa de información política y como tal ha reseñado semana tras semana, con el apetito de un principiante y los colmillos de un experto, la historia secreta del poder en México. Personaje esencial públicamente siempre alejado de sí mismo, intimista y extremoso, enjundioso y refinado, Scherer es el sumo pontífice de la disidencia informativa mexicana, el Papa Negro de nuestro periodismo, y su revista, la conciencia semanal de la nación. Durante la planeación de este “proceso” a Julio Scherer tuvimos en cuenta el riesgo de caer en los espejismos inútiles de la apología y por eso preferimos encararlo, desde el principio, como un develamiento justo de las aportaciones del más significativo periodista mexicano contemporáneo sin perder de vista que su papel se ha mecido, con todo lo que esto significa, entre la radicalidad consciente y el compromiso apasionado. No hemos olvidado reseñar errores, aislar versiones paralelas y hasta opuestas y ni siquiera hemos dejado de advertir los peligros del protagonismo periodístico. Y, al lado del testimonio favorable de diversas personalidades sobre Scherer y su trabajo, hemos encargado una investigación crítica sobre tres ejes —Scherer, como periodista y personaje literario; el golpe a Excélsior; la revista Proceso—, a un grupo de intelectuales pertenecientes a una generación más reciente, jóvenes de distintas procedencias, no siempre reporteros, desligados de los sucesos de julio de 1976, cuyo interés por el tema tiene que ver con la necesidad de relectura que los hechos históricos exigen precisamente por su relación con los presentes. Salvo el alegato en defensa del periodismo schereriano escrito por Carlos Marín, miembro del equipo original que fundó Proceso, los trabajos que presenta Viceversa han sido realizados por un grupo emparentado por la edad y por el interés en el debate sobre la relación entre la prensa y el poder desde la revisión de la historia y la crítica de la literatura y el periodismo. Estas consideraciones son las que nos permiten entender el golpe a Excélsior como el verdadero nacimiento de la prensa independiente de México y por lo tanto como una ruptura periodística ocurrida en el corazón mismo de la cultura, y a Julio Scherer como el personaje central de ese proceso. Es también con esa perspectiva que una revista cultural como Viceversa pretende con esta reflexión aportar algunas razones y algunos argumentos a la discusión del país cambiante que México es hoy.
Fernando Fernández
Viceversa, número 11 (abril de 1994)

Archivo de la revista Viceversa.