Solté la idea delante de unos conocidos, famosos por su arrogancia; días más tarde, uno de ellos la repitió en público, prácticamente con las mismas palabras, como cosa suya. El pequeño episodio me permitió darme cuenta de que no soy el único que puede afirmar que la portada de la primera edición de Esta noche… vienen rojos y azules de Pedro F. Miret (edición propia, 1964) es la mejor portada literaria (o una de las mejores) del siglo XX mexicano.

Hace no mucho volví a esa edición, en el ejemplar comprado por mi padre en la Librería de Cristal de Polanco en 1981, el año que el libro y yo cumplimos 17 años. Alguna tarde ya él me había señalado a Miret para contarme que aquel personaje abstraído, inclinado sobre una mesa de la cafetería Gino`s de la calle de Hegel, había sido su compañero en la carrera de arquitectura.

A finales de esa misma década, cuando conocí y empecé a tratar a Gerardo Deniz, Miret, que en otros tiempos había sido nada menos que su alma gemela (la expresión es del propio poeta), volvió a salir a la conversación, esta vez de un modo profundo y permanente, y desde entonces ha quedado para mí —como se ve, poco menos que por razones familiares— como uno de los personajes que más aprecio de toda la literatura mexicana.

Pedro F. Miret. Foto: Archivo de Maia Fernández Miret

La última vez que abrí el libro me fijé expresamente en las imágenes que lo ilustran y la información que se ofrece de ellas. (Ese dato, por cierto, y el resto de informaciones que aparecen en sus páginas poseen el encanto de las ediciones de autor.) El crédito dice: “Rodrigo Moya y S. de Swaan”. Como es natural, reconocí de inmediato a Moya, uno de los grandes fotógrafos de su generación (la generación de mi padre, de Deniz, de Miret). Hace un par de meses, conseguí sus datos con nuestra amiga Adriana Malvido y gracias a la amable ayuda de su esposa, Susan Flaherty, pude llamarle por teléfono con el propósito de preguntarle por la maravillosa portada. Reproduzco a continuación mi plática con él.

Esta noche… vienen rojos y azules (edición de autor, México, 1964). Nótese cómo la información de portada, en el modo en que se ha reproducido tradicionalmente, está ubicada en la contraportada.
Otra característica de la edición del libro: los relatos reunidos en Esta noche… vienen rojos y azules, carecen de título.

–Gracias, maestro Moya, por tomarme la llamada y conversar conmigo. ¿Trató usted a Pedro Miret?

–Sí, lo traté bastante. En realidad éramos amigos desde la infancia, desde que vivía yo en Pedro Baranda, en la colonia Tabacalera, y él vivía cerca. Mi papá era muy amigo de su padre.

–La portada siempre me ha gustado mucho y fue una sorpresa muy agradable recientemente descubrir que el crédito de las fotos es suyo, compartido con una persona llamada “S. de Swaan”.

–Sí… Mire, Sally de Swaan lo que hizo fue encontrar el edificio donde tomamos la foto de la portada. Él era amigo mío, también vecino, y amigo de Pedro. Cuando Pedro y yo empezamos a hablar de esa fotografía para el libro, estábamos buscando dónde hacerla; yo busqué en Balderas porque trabajaba por ahí en los periódicos. Un día Sally me dio esa dirección, y me pareció muy bueno.

–¿Dónde está el edificio?

–Está en Avenida Juárez, o ahí estaba…

Rodrigo Moya y Susan Flaherty. Foto: Wikipedia

–Entonces las dos fotos son suyas ¿verdad?, la de la portada y la de la parte interior de la contraportada

–Sí, tomamos varias que, por desgracia, se las dejé… porque no tengo los negativos. Era un trabajo para mí, pues, como para un amigo. En ese entonces, Pedro estaba trabajando en el Seguro Social y me daba muy buenos trabajos del Seguro, entonces yo le regalé un juego de fotos. Y esa foto del pantalón tipo nazi, la planificó con Sally. Hacíamos un poco de teatro ¿no? Es más, en una había una pistola que yo tenía, y la traía en la mano, pero ésa no la utilizó.

–Sí, sí sale la pistola en la segunda foto.

–Ah, no la he visto. Fíjese que no encuentro mi ejemplar de Esta noche… vienen rojos y azules. No lo he podido localizar… Estoy muy mal de la vista y me cuesta un trabajo horrible encontrar un libro en mi biblioteca, que es amplia y está revuelta.

–Yo le mandé por correo electrónico la foto de la portada y la foto de los pantalones nazis y la pistola.

–Ah, entonces está mal pasada, porque vi las fotos y no se ve la pistola. En la mano tenía una Walther… Yo tenía una Walther, que era la Luger nada más que de un calibre más chico. Eran ideas de él. Ya ve, no sé si lo conoció, pero era muy extravagante y siempre tenía ideas muy complejas y al mismo tiempo muy lúcidas. Era un tipo tremendamente inteligente.

–¿Efectivamente aventaron la máquina de escribir?

–No. Es un montaje que yo hice, un montaje de la idea de él. Teníamos una máquina Remington en mi oficina, una maquinota. El que la está aparentemente tirando era mi ayudante. Entonces tomé dos o tres fotos del momento. Le dije: haz el gesto como de que estás tirando una cosa pesada. Y entonces tomé dos fotos muy compuestas usando la elipse de la escalera. Y ahí están ellos dos: el de la izquierda es Pedro Miret y el de la derecha es Sally.

–Sí, y hay una tercera persona ¿no?

–No me acuerdo. La verdad, no recuerdo. Yo recuerdo que estuvo Sally ahí y estuvo Pedro, quizá ahí alguna otra persona. A veces yo tenía algún muchacho aprendiz o algo, porque yo trabajaba ahí cerca, en Reforma 12, en las oficinas de [la revista] Impacto.

–La idea de aventar la máquina ¿era de Miret?

–Sí, sí, totalmente. La puesta en escena fue dirigida por Pedro.

–Es muy buena.

–Yo daría lo que fuera por tenerla, pero yo le mandé unas después a alguien, y a él se le dio un juego. Tengo muchas fotos de él, de Pedro posando para mí. Hay unas bastante interesantes, bueno, si le puede servir alguna para lo que quiera, yo se las transmito.

Pedro F. Miret. Foto: Rodrigo Moya. Gracias a Susan Flaherty

–Sí, padrísimo, cómo no. Yo tengo amistad con una de las hijas de Miret, le voy a preguntar si ella tiene los negativos, estaría interesante intentar localizarlos ¿no?

–Sí, o copias, creo que yo mandé unas copias. Su mamá era muy amiga de Claudia Canales.

–Sí, Vicky Schussheim, viuda de Miret.

–Sí. Claudia me habló de ella, y me dijo también lo mismo, que le encantaba esa foto y que quería tener unos retratos de Pedro, y yo le mandé por medio de Claudia unas fotos. Yo no hago foto digital, hago todo en plata gelatina, a la antigüita. Soy el último dinosaurio, prácticamente.

–¿Y recuerda usted que tuviera esa puesta en escena algún sentido? Vaya, porque la imagen es muy elocuente, hermosa y al mismo tiempo insólita. ¿Tenía, digamos que discursivamente, alguna idea Miret al hacer esta foto o era sólo una intuición?

–No, era intencional, porque ya ve que el relato trata de una especie de juego ficticio, también un poco la metáfora de la guerra y de las confrontaciones… Entonces, no sé… Eso sí: era una idea absolutamente suya. Y como él tenía ideas muy extravagantes o de teatro, era muy atípico, pues él quería esa fotografía y yo la hice lo mejor que pude.

–…

–La foto es una reproducción, quizá por eso perdí el negativo, porque tuve que hacer dos negativos, uno de la máquina y sobre un positivo pegar con mucho cuidado la máquina para que se viera como si fuera cayendo. Voy a buscar a ver si tengo… Yo tengo un archivo bastante grande y ordenado. Lo de Pedro Miret sí lo tengo muy localizado, los retratos de él, pero esa foto no la he visto.

La foto “de los pantalones nazis”.

–Y la otra foto ¿dónde la tomaron? La de los pantalones nazis.

–Ah, ésa la tomamos en los edificios Condesa, creo que en mi departamento, sí.

–¿En el departamento de usted?

–Sí.

–Está muy recortada sobre un fondo blanco, muy conseguido, por lo que no creo que sea un ciclorama.

–No, no, para nada, era la luz natural; yo vivía en la calle de Matehuala y Sally vivía también en esa calle, pero había mejor luz en mi departamento y ahí tomé la foto.

–No sé si se acuerde usted que detrás de la portada, digamos en lo que sería la primera solapa, digamos en la espalda de la portada…

–En la segunda de forros, digamos.

–En la segunda de forros se reproduce la misma foto de la portada, pero en negativo.

–Bueno, yo usaba mucho ese recurso porque soy un enamorado de los negativos, y he escrito sobre eso y todo. Entonces no sé si fue cosa de él. Él manejó su libro. Cuando yo le di la foto lo dejé de ver un rato, y de pronto ya estaba el libro, me dijo ya va a salir y salió. Yo creo que le di los negativos porque no recuerdo ese en concreto. Él me pidió los negativos y yo se los di, era un trabajo como de orden secundario, para un amigo. Yo cuidaba mucho los negativos cuando había un interés especial o un asunto que me interesaba ¿no?

–…

–Miret era genial. Lástima que vivió tan poco, pero era un tipo un poco disperso en el sentido de que hacía muchas cosas y tenía muchos proyectos, pero yo lo admiraba mucho por su inteligencia. A veces planteaba cosas muy absurdas y en la discusión pues resulta que su planteamiento era el correcto.

–Le agradezco esta pequeña entrevista, maestro Moya, gracias de verdad.

–Sí, cómo no, descuide, mi archivo está para servicio. Si usted me manda su correo yo le puedo mandar algunos retratos trasmitidos de Pedro… Lo que pasa es que le digo, ando muy mal de los ojos y una asistente mía es la que tiene que buscar todo, y no sé dónde estará esa fotografía, en qué apartado estará, porque es muy sui generis. No está en arquitectura moderna, no la encontré.

–Inclasificable como siempre Miret ¿no?

–Sí, inclasificable…

Gracias a Adriana Malvido, Susan Fleherty y Silvia Lira por las facilidades prestadas para la elaboración de este post.

Más sobre Pedro F. Miret en este blog:

Miret y Deniz, almas gemelas.

Entrevista con José de la Colina.

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