¿Cuándo decidí poner a secar esta nueva e inesperada remesa de hojas de árboles con el propósito de fijarlas algún día en mi cuaderno botánico? Es fácil decirlo puesto que ya entonces, cuando las intercalé en las páginas de la menos valiosa de mis ediciones de Villaurrutia, aunque fuera solamente para olvidarlas quince años, tuve el cuidado de incluir también una hojita de papel con los datos de cada una de ellas.

Gracias a eso puedo decirme ahora, si no con la certeza que me gustaría, los nombres de los árboles a los que pertenecen, sí lo que en ese momento pensaba que eran, porque lo había averiguado o acababan de decírmelo. Tres lustros más tarde, no metería la mano al fuego por la validez de esa información.

¿Por qué escogí el volumen donde las puse a secar, y que he tenido olvidado durante tres largos lustros? La única explicación que se me ocurre es que la letra inicial del apellido de Villaurrutia queda muy cerca de donde conservo, colocado en sentido horizontal, sobre los libros puestos verticalmente, mi Cuaderno botánico.

Mi cuaderno botánico.

Una razón más: el que la edición no tiene casi ningún valor, por lo que las hojas de árboles incluidas entre las hojas del libro bien podían ceder a éstas su humedad, sin que ello supusiera la menor pérdida. Cuando hace unos días (por no dejar sin abrir ninguno de los libros que tengo de Villaurrutia) procedí de hojear la más corriente de mis ediciones, me llevé una grata sorpresa: entre hojas de ese libro encontré una pequeña colección de muestras botánicas que tenía perfectamente olvidadas.

Tres lustros, digo, esto es quince años después: puedo aportar con certeza también ese dato por el hecho de que todas esas muestras botánicas corresponden a los últimos meses que viví en España, donde estuve cinco años a principios de siglo, desde 2001.

Otra cosa puedo afirmar con la misma certidumbre, y es el lugar exacto en donde las recogí ya que también ese dato figura en la pequeña nota informativa: Grado y Proaza, dos concejos asturianos; Puertas de Cabrales y Oviedo. Reproduzco a continuación una foto de cada una de esas hojas y la acompaño con los datos que tengo de ellas, siempre según esa lista.

Nogal, creo. Algún lugar entre Grado (Grao) y Proaza. Verano de 2006.
Higuera y espino albar. Algún lugar entre Grado (Grao) y Proaza. Verano de 2006.
Hoja de fréjoles (una grande). Puertas de Cabrales. Verano de 2006.
Hoja de fréjoles (tres pequeñas). Puertas de Cabrales. Verano de 2006.
Peral. Puertas de Cabrales. Verano de 2006.
Nogal. Puertas de Cabrales. Verano de 2006.
Encina de La Piniella. Asiego de Cabrales. Verano de 2006.
Magnolia de hoja caduca. Campo de San Francisco de Oviedo. Verano de 2006.
Yedra de Ciudad Naranco. Oviedo. Verano de 2006.

Más sobre árboles y plantas en este blog:

Mi cuaderno botánico, http://bit.ly/acYY4W; El tejo de Bermiego, http://bit.ly/9NE36k; Árboles comunes de la ciudad de México, http://bit.ly/bSTUI2; El árbol de Giovanna, http://bit.ly/jY0F6c; Más muestras botánicas, https://bit.ly/2XffyVO

Más sobre Asturias en este blog:

El arroz Covadonga, http://bit.ly/bHQ3Vj; Aventura en la calle Frígilis, http://bit.ly/qVNI2m; Las hachas prehistóricas de Asiego de Cabrales, http://bit.ly/oryVa7

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