Tanto tiempo nos dijimos que era extrañísimo que no hubiera un solo crítico peninsular que participara en el estudio y el conocimiento de la obra de López Velarde, que la aparición, allá en los albores del siglo, desde el principio firme aunque todavía discreta, y luego la presencia cada vez más decidida y perfilada, y en los últimos años absolutamente imprescindible de Alfonso García Morales, profesor de la Universidad de Sevilla, es un motivo de alegría para todos los interesados en el tema.

Alfonso García Morales, el 18 de octubre de 2016, cuando participó en una mesa sobre Rubén Darío en la Casa de América de Madrid.

Es llamativo cuántas décadas tuvieron que pasar para que la obra de uno de nuestros máximos poetas lograra que se desprendiera, de la manera acaso un tanto unánime de sentir la poesía de los académicos españoles, una sensibilidad tan fina como para apreciar la complejidad de su belleza y su verdad más profunda.

Primera edición de los libros de poesía de López Velarde cuidada, prologada y anotada por Alfonso García Morales. Hiperión, Madrid, 2001.

Ya desde la primera edición de los poemas velardianos prologados y comentados por García Morales (La sangre devota, Zozobra, El son del corazón, Hiperión, Madrid, 2001) nos dimos cuenta de la capacidad del crítico español para aprovechar a su favor todas las distancias y proponer en consecuencia una lectura justa, modelada por todas sus orillas, ajena a ideas preconcebidas e insensible a visiones y arrebatos locales, no sólo de la obra del poeta sino también del contexto literario, social y político en que transcurrió su vida. Un ejemplo, el primero que me viene a la cabeza, es el modo en el que expone, con un ejemplar equilibrio, el intercambio de posturas irreconciliables entre Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid sobre la posibilidad de que López Velarde hubiese padecido una enfermedad venérea.

López Velarde en la Avenida Jalisco, hoy Álvaro Obregón, tal como apareció retratado en la revista Vida Moderna. Foto: FF

Publicada en 2016, esto es quince años después que la primera, esta vez bajo el sello de la UNAM, en la colección Ensayos y Poemas de la Coordinación de Humanidades que dirige Marco Antonio Campos, la segunda edición de la poesía del jerezano cuidada por García Morales lleva el nombre de Obra poética (verso y prosa). Se trata de una puesta al día de la que publicó a principios de siglo, corregida y muy aumentada. Su principal novedad, además de la incorporación de gran cantidad de materiales que amplían sus márgenes de estudio, es la inclusión del libro de prosa poética El minutero (de ahí la especificación entre paréntesis del título).

Portada de la primera edición de El minutero, libro de poemas en prosa publicado por los amigos de López Velarde después de la muerte del poeta.

Además del ensayo que abre el libro, texto que ocupa una tercera parte de las 640 páginas del volumen, Obra poética (verso y prosa) cuenta con un impresionante aparato de notas que nos obligará a añadir a partir de ahora, al menos en lo que toca específicamente a los poemas, cuando califiquemos con toda justicia a José Luis Martínez como el mejor editor de López Velarde, que nos estamos refiriendo al siglo XX. Las 150 páginas de notas a los poemas en verso o prosa no sólo profundizan, aquí o allá, en algunas de las informaciones de Martínez, o llenan a veces los huecos dejados por éste, sino que reúnen asimismo ricos y novedosos y hasta inesperados datos que son una invitación a los críticos y los historiadores a ir más lejos. Lo he comprobado yo mismo, que he sacado de ellas las pistas para algunas búsquedas que están en proceso de desarrollo o han llegado a buen término. Estoy convencido, en suma, de que hoy es imposible ahondar en la poesía de López Velarde sin tener su edición abierta sobre nuestra mesa de trabajo.

Imágenes tomadas de la primera edición de Ejemplo (Madrid, 1919), novela de Artemio de Valle Arizpe en la que aparece López Velarde reconvertido en personaje. El retrato del poeta, como el resto de las ilustraciones de la edición, son de Roberto Montenegro.

El poeta Marco Antonio Campos se ha anotado un éxito al incluir en 2016 la nueva edición velardiana de su amigo y colega español en la colección universitaria de poesía y ensayo que dirige. De cara al centenario del fallecimiento de López Velarde, esto es de cara al futuro inmediato, García Morales es uno de nuestros primeros referentes para el diálogo que tendría que irse intensificando a lo largo de los próximos meses. Enhorabuena, pues, a él y a su editor, y especialmente a nosotros, que contamos con esta espléndida fuente para seguir pavimentando el porvenir seguro del poeta que amamos por las razones más poderosas.

Más sobre López Velarde en este blog:

López Velarde, retratado por Roberto Montenegro.

Dos retratos.

Cuatro cipreses.

Fermín Revueltas ilustra El son del corazón.

Una errata pertinaz.

¿Padecía una enfermedad venérea?

Joya inadvertida.

El candil, en imágenes.

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