No uno, sino dos encuentros literarios organizaron las revistas Generación y Viceversa en las playas de Huatulco a mediados de los años noventas, siempre a iniciativa de Leonardo da Jandra. Hace unas semanas publiqué una imagen de grupo del segundo de esos encuentros, el que se llevó a cabo en noviembre de 1997, hecha nada menos que por Rogelio Cuéllar. 

Segundo encuentro de escritores, organizado por Leonardo da Jandra y y las revistas Generación y Viceversa. Huatulco, noviembre de 1997. Para ver el pie de foto, hacer click aquí. Foto: Rogelio Cuéllar / Archivo Viceversa

En abril del año anterior, Carlos Martínez Rentería y yo habíamos convocado ya a un primer encuentro playero. Como por fortuna también estuvo presente un fotógrafo, esta vez Ulises Castellanos, el archivo de Viceversa guarda no pocas imágenes de aquellos días de la primavera tropical de 1996: de las mesas de trabajo, por supuesto; de una de las comidas en el patio de un amplio edificio; de una cascarita en la arena; incluso del desayuno con el gobernador Diódoro Carrasco al que se refirió, en un artículo reciente, Edgardo Bermejo Mora.

Mesa de trabajo del primer encuentro de escritores organizado por Leonardo da Jandra y las revistas Generación y Viceversa. Huatulco, abril de 1996. Foto: Ulises Castellanos / Archivo Viceversa

Igual que Edgardo y otros muchos amigos y conocidos quienes lo han expresado en público, también yo he sentido la muerte de Martínez Rentería, ocurrida unas semanas antes de cumplir 60 años, el pasado 7 de febrero. Tal como contó su hijo a la prensa, Carlos era un hombre que mantenía buenas relaciones con todo mundo, y en todas partes se le quería sinceramente, no sólo en los ámbitos nocturnos donde reinaba con una autoridad ganada a pulso, hecha de desprendimiento, simpatía y ligereza existencial. Emiliano Martínez Escoto contó también que su padre entró al hospital al acabar la Feria del Libro del Zócalo del año pasado, lo cual quiere decir, ya que estuve con él precisamente entonces, que todavía tuve oportunidad de compartir unas carcajadas con mi carismático colega de tantos años en sus últimas horas de relativa salud. Estaba Carlos sentado a un costado del stand de su revista, de sombrero, con el bastón apoyado en las piernas. Contemplaba la escena, del otro lado de la mesa de libros, como siempre cerca de él, su fiel amigo Felipe Posada. Aunque disminuido por la enfermedad, no dejaba Carlos de mostrarse divertido y desmadroso. Me ofreció su nuevo libro, La bruja blanca (historias de cocaína), que le compré con gusto. Ni siquiera entonces dejaba de saborear alguna travesura; no importa que estuviera prohibido beber en el interior de la Feria: él se las había arreglado para intentar meter una botella de contrabando. No me quedé más tiempo, así que no supe si lo consiguió.

Carlos Martínez Rentería, en una imagen publicada en la página de Facebook de la revista Generación.

Me gusta evocarlo en esta postrera estampa, en donde aparece como siempre fue: un hombre feliz que hizo de todo lo que tocó, y de cualquier lugar en donde estuvo, fuera la hora que fuera, invariablemente rodeado de libros, de copas y amistades, una fiesta. No tengo foto de esa última imagen, de aquel mediodía del pasado octubre en la Feria del Zócalo; sí, en cambio, un retrato que nos hicieron a iniciativa suya una noche de los años noventas, que fue nuestra década de gloria y cuando más conviví con él. Ocurrió en aquel fugaz lugar llamado El Octavo Día, un centro cultural de grata memoria que estaba en la avenida Alfonso Reyes, en donde celebrábamos un aniversario de Viceversa. Me pidió que lo acompañara al baño, porque quería que nos tomaran una foto. Lo seguí, curioso de la nueva travesura que traería en mente, y de la que podía resultar, no exagero, cualquier cosa. Hizo que posáramos alrededor de un wc y pidió al fotógrafo que nos acompañaba que nos hiciera un retrato en aquella insólita locación, mientras veíamos a la cámara y él señalaba a las aguas del escusado con un guiño pícaro. 

Centro cultural El Octavo Día, en un aniversario de Viceversa. Foto: autor desconocido / Archivo de FF

Aunque nuestras revistas no fueran por la misma línea, siempre nos llevamos bien, sobre todo porque él era un hombre generoso, dotado de un verdadero sentido gremial. Nunca dejaba de idear nuevos proyectos comunes y los proponía siempre entre risas, con la intensidad y la frecuencia de una ametralladora. Generación y Viceversa podían no parecerse en nada, pero compartían un aire de época, el espíritu generacional que estaba en el nombre de su revista y hasta algunos colaboradores, todo lo cual pudimos comprobar y celebrar en el entorno propiciado por Da Jandra en aquellas dos oportunidades en las playas de Huatulco.

Primer encuentro de escritores organizado por Leonardo da Jandra y las revistas Generación y Viceversa. Huatulco, abril de 1996. Foto: Ulises Castellanos / Archivo Viceversa

Con lo triste que ha sido la noticia, para algunos de nosotros, sin embargo, ésta no ha sido sino la segunda vez que se anuncia la muerte de Carlos Martínez Rentería. Quizás no todos lo saben o recuerdan, pero ya habíamos sentido la posibilidad de su ausencia en una ocasión anterior, y vivamente todo lo que lo queríamos, y la falta que iba a hacernos, hace más de veinte años. Próximamente contaré en qué circunstancias ocurrieron las cosas aquella vez.

(La imagen que abre este post es retrato de Carlos Martínez Rentería que forma parte del archivo de la revista Viceversa.)

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