Mi padre reconoce, al reverso de la foto, la letra de su tío Ángel Álvarez Bueno, de Carreña de Cabrales, personaje tan singular que no es imposible que algún lector de Oriundos todavía lo recuerde. Estaba casado con mi tía abuela Carmela, con quien, tal como se cuenta en el libro, por la razón de que no se parecían en nada, y estaban hechos de distintas naturalezas, y no había nadie tan opuesto como ellos dos, conformaba una pareja perfecta.

Mis tíos abuelos Ángel Álvarez Bueno y Carmela Bueno Bueno, a la derecha de la imagen, en una foto incluida en Oriundos (Cataria, 2018).

Pues bien: fue él quien mandó la foto a México, dirigida a Santos, a cuyo reverso escribió, con su letra inconfundible, que se trataba de “una vista de la carretera de Asiego”.

«Para Santos, una vista de la carretera de Asiego, con un saludo de Ángel».

La novedad del asunto es que la carretera acababa de ser inaugurada, y por ello, para Santos o cualquiera de los hijos del pueblo que estaban en América, aquella imagen era un testimonio, lo más gráfico posible, de la feliz noticia.

Santos ya en México, de canotier, en una imagen inusitada, ajena a su carácter, la cual forma parte de su archivo.

Descubrí la foto hace unos meses, entre otras imágenes desconocidas para mí, en los papeles que fueron de mis abuelos, y se la mandé a Javier Niembro, quien supo apreciarla desde el primer instante. El pasado fin de semana, él y quienes trabajan en favor de la aldea de nuestros antepasados comunes, agrupados bajo el nombre de Asociación Cultural Asiegu XXI, conmemoraron los 70 años del final de la construcción de la carretera. Su labor en favor de la recuperación del pasado y la proyección al futuro de Asiego fue ya reconocida en 2019 con el Premio Pueblo Ejemplar que otorga la Fundación Princesa de Asturias. Ahora han decidido conmemorar aquel hecho histórico; para ello, entre otras decisiones afortunadas, han echado mano de la foto del archivo de mis abuelos para promocionar las actividades llevadas a cabo hace unos días.

No es cualquier conmemoración, si se considera que el camino que sube a Asiego fue la obra civil más importante del pueblo de todas las que se hicieron durante el siglo XX. Abierta a pico y pala por los propios vecinos, contra todo género de obstáculos, y con problemas con al menos uno de los pueblos comarcanos, pero también con el apoyo de los fondos conseguidos por los emigrantes en América, principalmente México, entre ellos Santos, la carretera fue el resultado de un gran esfuerzo de la colectividad, uno de los valores de aquellas sociedades ancestrales de las cuales somos bisnietos que defiende con mayor énfasis el grupo encabezado por Javier Niembro.

Los vecinos de Asiego abren con pico y pala la carretera que lleva a su pueblo. Cerca de 1950. Foto: archivo FF

No creo, por cierto, que mi tío abuelo Ángel haya tomado la foto. Hay puesto en ella, eso sí, mucho de sí mismo, y por eso entiendo su interés en enviarla a México: su amor por cuanto fuera novedoso, quiero decir, la tecnología, el futuro, el progreso, siempre todo a diferencia de su mujer, Carmela, a quien no se parecía en nada, porque estaban hechos de distintas naturalezas y no había nadie tan opuesto como ellos dos.

Vista de la carretera de Asiego. Ca. 1952.
Foto: Archivo de Santos Fernández Bueno

Basta con verla nuevamente para saber lo que Ángel vio en la imagen: las líneas de las montañas que se entrecruzan allí en donde se alza, con su antiquísima rotundidad sin aspavientos, el cono trunco del Picu Urriellu; la línea zigzagueante de la carretera, que anuncia las muchas curvas que conforman los apenas tres kilómetros y medio que van a desembocar, considerablemente más abajo, en Carreña, la capital del concejo cabraliego; en el centro exacto de la carretera, como un toque de humor que divertiría a mi tío abuelo, pero que habla a las claras de la ruralidad esencial de la comarca, la copiosa boñiga de un cuadrúpedo, seguramente un caballo; el coche mismo, por último, encarnación humana del sueño moderno que justifica la necesidad de la senda rodada, ese coche del que Ángel sin duda lo sabía todo, ya no digamos el nombre del propietario o el lugar en donde fue adquirido, sino también la marca, el año de fabricación, el número de cilindros y los caballos de potencia, la distancia que podía alcanzar con un solo depósito de gasolina, el coche que se empina ya camino abajo, confiado a la amplitud y la textura milagrosamente tersa de la flamante carretera.

Foto hecha desde el mismo lugar donde fue tomada la vista de la carretera de Asiego enviada por mi tío abuelo Ángel Álvarez a México hace unas siete décadas. Foto: Javier Niembro

Un comentario en “Una vista de la carretera de Asiego

  1. ¡Precioso recuerdo! Símbolo del esfuerzo por la obra compartida con los vecinos, del orgullo de los de aquí y los que partieron a tierras lejanas y de los descendientes, herederos de sus valores y de su orgullo por lo propio.

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